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El aire se vuelve más penetrante y el viento anuncia la llegada de una nueva estación. En los días de otoño, los colores se tiñen con los matices de la tierra, los aromas embriagan y la luz se hace cada vez más intensa.

Nos quedamos extasiados al contemplar la metamorfosis de la naturaleza que, una vez más, cambia de piel y se prepara para el descanso necesario antes de regresar a una nueva vida. El latido de la tierra disminuye y nosotros también sentimos la necesidad de ir más lento. El cuerpo y la mente entran en sintonía con el sereno andar de los días.

El contacto de la piel con el cálido abrazo de las fibras naturales despierta nuestros sentidos. Hilos con efectos vaporosos, pieles naturales y tejidos envolventes vuelven a ser los protagonistas de nuestros días, nos miman en casa y nos protegen al aire libre. La idea de cambio se vuelve más dulce y encontramos de nuevo esa sensación de agradable espera, de lo nuevo que está por llegar.

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