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El blanco y el negro son el símbolo perfecto de los opuestos que se complementan entre sí. Juntos crean un equilibrio y, al mismo tiempo, hacen que la luz sea la protagonista. Los juegos de vacíos y llenos crean una armonía entre formas y perspectivas que suaviza las profundidades de la escena. Los cambios de luz llevan los detalles a la superficie; la relación entre líneas y materia. La aparente ausencia cromática se convierte en su síntesis perfecta, un arco iris de matices a través del cual se percibe la fuerza de la luz.

 
 

La elegancia femenina y esencial de la colección destaca gracias a los contrastes de claroscuros, como pinceladas con un toque atemporal.

Las siluetas se mueven en un acuerdo con los volúmenes y los efectos; las superficies onduladas de los hilados se alternan con las sedas impalpables, mientras que las pieles muy suaves equilibran las texturas auténticamente irregulares de las fibras vegetales de los tejidos.

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